Culture Wars Feature Article

La tesis de Weber: El capitalismo y sus mitos de origen

por E. Michael Jones


Este artículo fue publicado en la edición de febrero del 2010 de la revista Culture Wars

 

 

"un ser inmortal, no humano, león de frente y serpiente por detrás, cabra en el medio y exhalando como aliento una terrible llama de fuego cegador."

Homero en la Quimera, La Ilíada

El origen es lo que realmente necesita una explicación.

Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo

 

Ninguna esfera de la vida contemporánea, con la posible excepción de la sexualidad, está tan rodeado de mitos como la economía. Cuando se trata de capitalismo, el gran hacedor de mitos de nuestro tiempo es Michael Novak. Después de comenzar su carrera como un socialista cristiano y promotor de la liberación sexual, Novak entró en el American Enterprise Institute en 1978, en el momento en que el movimiento neoconservador estaba ganando vapor y mutando de trotskista a reaganista.

 

En 1982 Novak escribió El espíritu del Capitalismo Democrático, donde trató de encontrar una justificación teológica para los católicos que deseaban abandonar el Partido Demócrata y apoyar a la cruzada de la administración de Reagan contra el comunismo. Apoyar al proyecto de Reagan tuvo otras secuelas menos atractivas a la mente católica, como el asalto a los sindicatos que se inició con el despido de los controladores aéreos, pero esas y otras consecuencias negativas de la era Reagan, al igual que la apertura del mercado de automóviles de EEUU a los japoneses a cambio de la compra de bonos del Tesoro, no parecía evidente en el momento.

 

Una de las principales razones por las que no fueron evidentes en el momento fue Michael Novak. El profesor Stephen M. Bainbridge se refirió a Novak como "el principal pensador cristiano en economía", y al El espíritu del Capitalismo Democrático como "sin duda, su magnum opus". El espíritu del Capitalismo Democrático, continúa Bainbridge, "apareció en una edición samizdat en Polonia durante la década de 1980 y tuvo un efecto evidente en el movimiento Solidaridad. Su defensa del capitalismo democrático, motivada en estar este basado en los valores humanos de la tradición judeo-cristiana también contribuyó a dar un centro moral al movimiento neoconservador ", o al menos la apariencia de Text Box: Michael Novak
 
un centro moral.

Menos optimistas en su evaluación de los efectos que la magnum opus de Novak tuvo en el discurso económico, sobre todo entre los católicos, son los editores de la edición IHS del clásico de Amintore Fanfani Catolicismo, Protestantismo y Capitalismo. Si la afirmación de Fanfani de que "hay un abismo infranqueable entre la Iglesia católica y la concepción capitalista de la vida" cae en oídos sordos en estos días, especialmente entre los católicos, la razón principal de la sordera es Michael Novak, "el hombre", según los editores, "que ha venido a representar todo lo que el pensamiento católico tiene que decir sobre temas económicos".[1] Si hay un hombre responsable de la ignorancia y hostilidad hacia la doctrina social católica, especialmente entre los católicos, es Michael Novak. Si la mayoría de los católicos piensan que Quadragesimo Anno es un jorobado que vive en el campanario de la Catedral de Notre Dame en París, la principal razón de que el malentendido es Michael Novak.

 

¿Cómo es entonces que pensadores católicos pueden llegar a tales conclusiones contradictorias acerca de magnum opus de Novak, El espíritu del capitalismo democrático? Bueno, puede ser porque el libro se basa en una contradicción.

 

En el corazón del libro de Novak se encuentra una criatura mitológica, no disímil a la quimera de Homero, conocido como el "capitalismo democrático". Esta criatura es un compuesto incoherente que supuestamente tiene las competencias atribuibles a los animales de los que se hizo, competencias hasta ahora desconocidas en el reino del pensamiento económico. Según la teoría económica de Novak:

 

"La democracia política es compatible en la práctica sólo con una economía de mercado."[2]

 

(En realidad la democracia y el capitalismo, como la libertad y la igualdad de la Revolución Francesa, son antitéticas. El capitalismo siempre concentra la riqueza y, por tanto, poder en menos manos. ¿Habrá oído Michael Novak hablar de China?)

 

"La democracia moderna y el capitalismo moderno proceden de idénticos impulsos históricos."[3]

 

(¿Como en la Inglaterra isabelina? ¿La Francia revolucionaria? ¿Florencia bajo Savonarola? Cada uno de estos casos tuvo el capitalismo o la democracia, pero no ambos. Platón nos recuerda que la democracia sigue a la plutocracia como su antítesis, cuando la generación más joven se da cuenta de que sus mayores habían vendido su derecho de nacimiento. La tesis del libro de Kevin Phillips Riqueza y Democracia es que la historia de los EEUU es una lucha entre la riqueza y la democracia. En otras palabras, las dos son antagónicas, no complementarias.)

 

"La lógica natural del capitalismo conduce a la democracia."[4]

 

(Esta afirmación es verdadera en cierto sentido. Como lo señaló Platón en La República, la aristocracia conduce a la plutocracia, que conduce a la democracia revolucionaria, que conduce a la tiranía.)

 

"Salvo en el libro de Adam Smith, el concepto de desarrollo no existía. En 1800, un juicio como el del Eclesiastés, "No hay nada nuevo bajo el sol", cubría casi en su totalidad a un mundo apático. En la mayoría de las regiones el emprendimiento económico estaba estancado."[5]

 

(Todos los avances económicos en que se basa el capitalismo moderno –incluyendo contabilidad por partida doble, letras de cambio, y banca de reserva fraccionaria– estaban ya instalados en las ciudades-estado del norte de Italia a principios del siglo XV, es decir, 400 años antes de su supuesta aparición en Inglaterra como sostiene Novak.)

 

"La invención de la economía de mercado en Gran Bretaña y su profundización en los Estados Unidos revolucionó el mundo entre 1800 y el presente más que ninguna fuerza por sí sola. Después de cinco milenios de torpezas los seres humanos finalmente descubrieron como la riqueza se puede producir de manera sistemática y sostenida." [6]

 

(La economía de mercado no fue inventado ni en Gran Bretaña o los Estados Unidos. Durante las dos últimas décadas del siglo XX y la primera década del siglo XXI, el capitalismo fue responsable de la destrucción de miles de millones de dólares de riqueza en EEUU a través de planes de saqueo disimulado como las compras pre-arregladas. Durante la última década del siglo XX, Rusia fue saqueada de una forma aún más rapaz, bajo la supervisión de Jeffrey Sachs y Lawrence Summers, entonces presidente de la Universidad de Harvard. El saqueo de Rusia fue tan obsceno que Harvard terminó siendo demandada por el gobierno de los Estados Unidos y pagó la multa más grande en su historia, que condujo a la dimisión de Summers como presidente de Harvard. Summers, actualmente es director del Consejo Económico Nacional para la administración de Obama.)

 

"Las iglesias no entendieron la nueva economía… la cultura latina no entendió la economía." [7]

 

(¿Considera el Sr. Novak a Italia como parte de la "cultura latina"? ¿Es la Iglesia Católica parte de la "cultura latina"? ¿Está la sede de la Iglesia Católica Romana en Roma? ¿Está Roma en Italia? A fin de mantener su tesis –Inglaterra creó la economía moderna, la Iglesia es ignorante en principios económicos– Novak tiene que afirmar que Italia era un pozo económico, cuando en realidad lo opuesto es cierto. Italia fue el centro financiero de Europa durante siglos. Durante la Alta Edad Media, cuando Italia establecía casas de banca en Brujas, dominaba el comercio en Europa, y creaba los adelantos financieros que revolucionarían el comercio, la principal exportación de Inglaterra fue la lana en bruto.)

 

"La Iglesia Católica . . . ha tendido, en particular debido a la ubicación del Vaticano en Italia . . . a permanecer incómodamente en el pasado con sólo una tenue relación con las sociedades liberales. En una palabra, se ha mantenido fuera de y ha, creo, malinterpretado la revolución capitalista liberal democrática." [8]

 

(La manera en que Novak enmarca la cuestión es tan tendenciosa que debe ser descomprimida un poco antes de que pueda ser refutada. ¿Considera Novak a la Florencia de Savonarola una "sociedad liberal"? Savonarola sin duda promovido la democracia, pero se opuso a la plutocracia, que es otra manera de definir al capitalismo, tal como se manifestó en aquel momento mediante los intereses bancarios de los Medici. Frente a una expansión sin precedentes del comercio en Italia durante los siglos XIII, XIV y XV, la Iglesia estuvo profunda e íntimamente involucrada en entender cuales desarrollos económicos eran beneficiosos para la sociedad y cuáles no.)

 

"Norteamérica y Sudamérica fueron fundadas sobre dos ideas radicalmente diferentes de economía política. Una intentó recrear la estructura político-económica de la España feudal y mercantilista. La otra intentó establecer un novus ordo seculorum, un nuevo orden, en torno a ideas nunca antes realizadas en la historia humana." [9]

 

(Norteamérica y Sudamérica fueron fundadas bajo exactamente el mismo sistema. Era conocido como mercantilismo. Novak ignora el hecho de que este sistema fue aceptado por todas las potencias coloniales en América del Norte, Inglaterra, Francia, España y Holanda. Novak trata de sacar profundas conclusiones teológicas del hecho de que Estados Unidos tienen una economía más grande que los distintos países de América del Sur, aunque durante la mayor parte del siglo XX la Argentina no estaba muy lejos. El resultado de la conquista colonial en América del Norte no fue decidido por el triunfo de una idea superior. En términos de economía, todas las potencias coloniales tuvieron la misma idea. La conquista fue lograda por la fuerza de las armas. El mercantilismo no es sino guerra económica. Todos los poderes mercantilistas combatieron en guerras por los exclusivos privilegios económicos que otorgaba la colonización de América del Norte. En estas guerras, Inglaterra derrotó a Francia y a Holanda. Siendo Holanda un país más calvinista que Inglaterra, ¿qué lección teológico-económica deriva el Sr. Novak de la derrota de Holanda a manos de Inglaterra?)

 

"Los latinoamericanos no valoran las mismas cualidades morales que los norteamericanos." [10]

 

(Declaraciones como ésta puede tener sentido para los neoconservadores que eran los empleadores de Novak en el American Enterprise Institute en el momento en que escribió El espíritu del capitalismo democrático, pero son incomprensibles para los católicos, incluidos los que viven en Norte y Sudamérica. El catolicismo es el blanco del libro de Novak, precisamente porque la Iglesia Católica es la principal institución que afirma que la política económica debe estar subordinada a la ley moral.)

 

"Ahora que los secretos del progreso material sostenido han sido decodificados, la responsabilidad de reducir el hambre y la miseria no es Dios, sino la nuestra."[11]

(¿Han llegado los secretos a Detroit?)

 

"Ninguna región de los Estados Unidos es más pobre que era en 1900." [12]

 

(Ver arriba).

 

"John Locke escribió una vez que los inventores de nuevos procesos económicos y de productos, por ejemplo la quinina, beneficiaron más a la humanidad que los que antaño se dedicaron a la caridad. ... Puede haber sido John Locke (1632-1704), quien enunció por primera vez una nueva posibilidad para la organización económica. Locke observó que un campo naturalmente fértil de, por ejemplo, fresas, dejado a sí mismo puede producir lo que pareciera ser fresas en abundancia. Sin embargo, sujeto a cultivo y cuidado por una inteligencia práctica, tal campo puede producir no sólo dos, sino diez veces fresas. En resumen, Locke llegó a la conclusión que la naturaleza brinda muchas más posibilidades de aquellas que los seres humanos estaban al tanto hasta ese entonces." [13]

 

La invocación del nombre de John Locke por Novak es el signo infalible de que la quimera del "capitalismo democrático" reside en un reino mítico conocido como La Historia Whig. [El término whig corresponde al antiguo nombre del Partido Liberal británico. En sus orígenes los "whigs" apoyaron la monarquía constitucional y la supremacía del parlamento sobre el monarca.] Una de las figuras heroicas de la historia whig es John Locke. Como Novak está escribiendo historia whig, tiene que conjurar en su relato lo sostenido por Locke, sin importar cuán absurdo sea, y darle una importancia que la banalidad de estos no merece.

 

La historia whig se basa en la capacidad de sacar fastuosas conclusiones teológicas de dudosas premisas históricas. Por ejemplo el descubrimiento de Locke sobre el significado teológico de las fresas. O el atribuir a Locke afirmaciones que fueron lugares comunes del pensamiento católico durante siglos, por ejemplo, "la idea de Locke de un novel y vigorizante sentido de la vocación humana." [14] O declaraciones que fueron lisa y llanamente erróneas, como cuando afirma que: "La historia ya no debe considerarse cíclica." [15] ¿Qué hombre que vive en Europa, en cualquier momento después del nacimiento y la crucifixión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y conocedor de una Biblia que comienza con la creación del mundo y concluye con una descripción del fin del mundo cree que la historia es cíclica? Decidido a pilar el monte Pelion sobre el Ossa, Novak continúa diciendo que la influencia de Locke fue tan grande que modificó nuestra percepción de la forma en que Dios dirige la historia:

 

Después de Locke, la idea sobre el proceder de Dios en el mundo –la teodicea– se vio alterada. La manera en que Dios actúa en la historia pasó a ser entonces progresista, abierta, sujeta a la libertad y la diligencia humana. La vocación del ser humano se presentó como ennoblecida. Los seres humanos ya no debían verse a sí mismos como pasivos, sufrientes, sumisos. Ahora estaban llamados a la iniciativa, a la prudencia, a la clarividente, al trabajo arduo, a fin de realizar por su obediencia al llamado de Dios la construcción y el perfeccionamiento del reino de Dios en la tierra. [16]

 

El sentido de la oportunidad de Michael Novak fue raro. En el ámbito del pensamiento popular anticipó y facilitó la captura neoconservadora de la política exterior estadounidense. En el ámbito de las ideas serias, sin embargo, su libro fue un fracaso excepcional ya que se basó en fundamentos intelectuales que acababa de derrumbarse. El Espíritu del Capitalismo Democrático trató de revivir la Leyenda Negra para el beneficio de la administración Reagan en el momento mismo en que el último clavo estaba por sellar el ataúd de la historia whig con la publicación de Eamonn Duffy El Despojo de los Altares. Novak fundamentó su admisión de la historia whig en los escritos de H.R. Trevor-Roper, notorio panfletista anti católico cuyas credenciales como historiador recibieron un duro impacto cuando se jugó su reputación de historiador en la autenticidad de los diarios de Hitler. Trevor-Roper, conocido entre sus alumnos como el profesor Clever-Groper [N. de T. atrevido-manoseador] sostiene que las "técnicas secretas del capitalismo fueron llevados a otras ciudades", y luego se pregunta "¿Por qué?" [17] [H.R. Trevor-Roper, "Religión, Reforma y Cambio Social", en The European Witch-Craze of the Sixteenth and Seventeenth Centuries and Other Essays (Nueva York: Harper & Row, 1969), p. 21].

 

La historia whig es famosa por tomar un hecho histórico, en este caso la disminución del comercio en el Mediterráneo en comparación con el aumento del comercio en el Atlántico que siguió al descubrimiento del Nuevo Mundo, y a continuación cargarlo de significado teológico, con el fin de demostrar la superioridad de la cultura protestante inglesa luego de la Revolución Gloriosa. Novak cargas más los dados al referirse a las naciones que participaban en el comercio del Mediterráneo como "bastiones de la Contra-Reforma",[18] por lo que es casi seguro que el lector atribuirá cualquier cambio de fortuna económica a su catolicismo. Efectivamente, Novak utiliza la tendenciosa resurrección de la Leyenda Negra que hizo Trevor-Roper como un palo con el que procede a golpear a la Iglesia, como cuando escribe,

 

Para Trevor-Roper, el hecho decisivo [en el desarrollo del capitalismo], fue una nueva alianza entre Iglesia y Estado, más intolerable con cada año que pasa, que condujo a la nueva clase de empresarios católicos, en algunos casos fuera de su iglesia, pero en muchos más casos fuera de sus ciudades y países de origen. Buscaban ciudades que no estuvieran bajo el control de príncipes y obispos, buscaban ciudades autónomas de carácter republicano.” [19]

 

Esto se debe a que:

 

El estado de la Contrarreforma impugnó el valor religioso de comercio. Prohibió o restringió el emprendimiento en el sector privado. Permitió a ciertos empresarios desarrollar monopolios estatales, favoreció el mercantilismo estatal sobre el mercantilismo privado. [20]

 

Para empezar, no hay tal cosa como el mercantilismo privado. El mercantilismo es, por definición, actividad económica patrocinada por el gobierno. En segundo lugar, hablando de alianzas intolerables entre Iglesia y Estado ¿fue algún gobierno más represivo que la Inglaterra isabelina? ¿Está Novak afirmando que no hubo alianza entre Iglesia y Estado en Inglaterra durante el siglo XVI? ¿Está diciendo que Isabel no concedió monopolios estatales? ¿Está diciendo que Isabel no estaba a favor de la redundancia conocida como "mercantilismo de Estado"? Por último, ¿dónde estaban las "ciudades autónomas de carácter republicano"[21] que alaba a Novak? ¿Estaban en Inglaterra? ¿Era Londres una de ellas? No, "ciudades autónomas de carácter republicano," lugares como Venecia, Milán, Florencia, Siena se encontraban en Italia, donde habían estado a la vanguardia del progreso económico durante siglos.

 

En el intento de Novak por resucitar la Leyenda Negra, toda la historia se convierte en una obra de moralidad en la que las fuerzas inglesas triunfan sobre sus oponentes católicos a causa de la superioridad innata de sus ideas, todas las cuales giran en torno a la emancipación de la vida económica de la supervisión moral. Según Novak, el fracaso se encuentra totalmente en el lado católico, es decir, en "el fracaso del pensamiento católico de captar el potencial creativo del capitalismo democrático." [22]

 

Amintore Fanfani, que estaba familiarizado con la afirmación de que el desarrollo del capitalismo fue más intenso en países protestantes que en católicos, era reacio a la conclusión de que el ascenso de Inglaterra como potencia económica, se produjo debido a la superioridad de las ideas inglesas, concretamente la idea inglesa más tarde promovida como capitalismo. Más importante desde el punto de vista de Fanfani fue "el desplazamiento del comercio desde el Mediterráneo hasta el Atlántico"[23] así como las desventajas que surgió del hecho de que Italia estaba "económicamente dividida en mercados innumerables" [24] mientras que "el estado nacional de Inglaterra ya está dando grandes pasos hacia la unificación, de la que se beneficia notoriamente en un momento en que en Italia no hay más que unos pocos individuos que se dan cuenta de las ventajas que se derivarían de los acuerdos entre los distintos estados italianos para definir resultados económicos y políticos. La importancia capitalista de un gran mercado unificado –que es mucho mayor que el tipo de religión– puede ser visto en la historia económica de Francia y Alemania ." [25] Fanfani concluyó, "no hay necesidad de buscar influencias misteriosas." [26]

 

La tesis de Novak se basa en una explicación particular de los orígenes del capitalismo, conocida como la tesis de Weber.

 

Text Box: Max Weber
 
En 1904 y 1905, el sociólogo alemán Max Weber escribió dos artículos sobre los orígenes del capitalismo, que más tarde fueron publicados póstumamente en 1920, bajo el título, La ética protestante y el espíritu del capitalismo. El corazón de la tesis de Weber es la afirmación de que el capitalismo fue creado por protestantes piadosos en el siglo XVII: "La fuerza que lo produjo fue el credo asociado con el nombre de Calvino. El capitalismo fue la contrapartida social de la teología calvinista. "Esto explica por qué los" líderes de negocios y propietarios del capital . . . son mayoritariamente protestantes." [27]

 

Si Novak hace todo lo posible por conferir el aura de "santidad" (su término) a las transacciones económicas que la Iglesia Católica siempre había considerado pecaminosas, es porque tomó la idea de Weber. La Reforma (y la manera en que es vista en países residualmente protestantes como los Estados Unidos) es el término que hace esta transposición de valores intelectualmente plausible, como cuando Novak escribe:

 

Para el calvinista, argumenta Weber, el llamado no es una condición con la que el individuo nace, sino una empresa ardua y exigente a elegir por sí mismo, y llevarse a cabo con un sentido de responsabilidad religiosa. Bautizado en las estimulantes, aunque heladas, aguas de la teología calvinista, la vida de los negocios, una vez considerada como peligrosa para el alma –summe periculosa est emptionis et venditionis negotiatio–adquiere una nueva santidad. [28]

 

En 1934, la primera crítica extensa católica a la tesis de Weber apareció con la publicación del libro de Amintore Fanfani Catolicismo, Protestantismo y Capitalismo. Amintore Fanfani era un estudiante de Giuseppe Torniolo que trabajó estrechamente con el papa Pius XI, quien emitió Quadragesimo Anno, la secuela de la Rerum Novarum y uno de los pilares de la doctrina social de la Iglesia en el mismo año. Fanfani caracterizó como "mal formulada" a lo que él llamó "la hipótesis de largo alcance de Weber." [29] Según el análisis de Fanfani, "La solución de Weber es inaceptable... porque no admite que el espíritu capitalista existente antes de la idea protestante de la vocación." [30]

 

"¿Es posible", se pregunta Fanfani, "que la esencia de la cosa –y para Weber el espíritu capitalista constituye la esencia del capitalismo– llegue a existir mucho tiempo después de la cosa en sí?" La tesis de Weber ignora los "sucesos" capitalistas que habían sido establecidos mucho antes de que el protestantismo llegara a existir, y, Fanfani sigue:

 

si se admite que los acontecimientos no pueden ser capitalistas, a menos que se hayan producido por el espíritu capitalista, debemos concluir que el espíritu capitalista, existía antes de protestantismo. Si razonamos lógicamente a partir de los datos que Weber nos proporciona, no podemos dejar de llegar a esta conclusión. Por lo tanto, no podemos aceptar la idea de la vocación como el origen del espíritu capitalista, o bien hay que decir que existía en un momento anterior. ... La explicación de Weber es por lo tanto insuficiente. [31]

 

El origen real del capitalismo no fue Inglaterra en el siglo XVII, sino Italia en el siglo XV. La nueva mentalidad "capitalista" apareció antes, entre los siglos XIV y XV, en regiones como la Toscana, Lombardía y Flandes. Esta mentalidad, según Fanfani, "guió la economía durante la baja edad media de los comerciantes por medio de empresarios y negociantes astutos y sin escrúpulos; una mentalidad que Weber había identificado surgiendo mucho más tarde en regiones principalmente influenciadas por el protestantismo." [32]

 

Como notan los editores de la edición IHS del libro Fanfani:

 

En esencia, el capitalismo nació, al menos como mentalidad, cuando no como estructura económica plenamente desarrollada, en el mundo comercial de Florencia, Flandes y los puertos hanseáticos, en particular en el siglo XIV, como una forma secularizada de ese activismo cristiano que pretendía transformar el mundo. La actividad cristiana tiene sus raíces en la "oración y el trabajo" de la regla benedictina. [33]

 

No fueron puritanos virtuosos los que nos dieron el capitalismo, fueron católicos decadentes. Fanfani "vio en este mismo espíritu no un desarrollo sino una inversión, casi una degeneración, de la ética del Evangelio", que implicaba "el debilitamiento de la influencia de la concepción social propuesto y sostenido por el catolicismo medieval. Eso y no el protestantismo "es la circunstancia que explica la manifestación y el crecimiento del espíritu capitalista en el mundo católico." El capitalismo se produjo a causa de "la creciente distancia entre las clases empresariales y mercantiles y la ética católica. . . . La disminución de la influencia ejercida por la iglesia, tras la disolución de la cristiandad luego del nacimiento del protestantismo, aceleró en última instancia un proceso que, sin embargo, no nació de la Reforma, sino que tuvo sus orígenes más atrás en el tiempo." [34]

 

La contemplación de este fondo histórico lleva a Fanfani a su conclusión más fundamental, y la premisa sobre la cual construye su teoría económica, es decir, que el carácter (ethos) católico es anti-capitalista. El catolicismo es el sistema que coloca otros criterios por encima del económico… La teología y la filosofía católica plantean un criterio religioso como el supremo principio de la racionalización de la vida, incluso en sus aspectos económicos, más aun la filosofía católica subordinada la racionalización económica a la racionalización política ya que vincula el bienestar material del individuo al bienestar material de su vecino y subordina el bienestar puramente económico al bienestar individual y social en el sentido más amplio de la palabra. [35]

 

Como Fanfani sostiene en otro momento en el mismo libro, "hay un abismo infranqueable entre la iglesia católica y la concepción capitalista de la vida".[36] La razón de esta diferencia insalvable es la ley moral. El catolicismo ve a toda actividad humana deliberada como regida por la ley moral. La economía no es sino actividad humana deliberada, por lo tanto, la actividad económica debe regirse por la ley moral.

 

El capitalismo, por otra parte, nada significa sino la exclusión de las consideraciones morales del campo de la actividad económica. Pretende ser una ciencia similar a la física o la matemática como forma de encubrir su verdadera esencia, que es la exclusión de toda crítica moral a una ciencia que se basa, no en movimientos físicos, sino en los caprichos de la elección humana.

 

Porque se basa en la elección humana, la economía está inexorablemente ligada a la ética. Las consideraciones éticas son parte de su gramática, no solo en la forma de restricciones institucionales sobre la acción individual que presupone, sino también en el modelo de la conducta individual –búsqueda de beneficios y ausencia de verdadero altruismo– en que se funda. Más aun, el propósito de las políticas económicas e incluso de los regímenes jurídico-económicos se basa en una concepción de lo que es bueno para la sociedad. De esta manera, la moral está tan íntimamente relacionada a la economía como las matemáticas a la física. Este es precisamente el vínculo que la ideología del capitalismo suprime.

 

La crítica de Fanfani expone la "nueva santidad" de la tesis de Weber como en última instancia poco más que una racionalización que da credibilidad moral a conductas que hasta ese entonces se habían considerado pecaminosas. Pero la represión de la realidad económica y la realidad moral que busca Weber mediante la apropiación de la religión nunca alcanza el éxito. Lo reprimido siempre regresa. Mientras más Novak trata de explicar la "nueva santidad" del capitalismo, más lo reprimido espontáneamente retorna a su explicación, como cuando afirma Novak que:

 

la idea de que la aplicación sostenida de la inteligencia práctica a la actividad económica podría abrir nuevos y extraordinarios horizontes, anticipaba el espíritu capitalista. Weber distingue el espíritu de esfuerzo incremental sostenido de la aventura, la piratería, la suerte y la carambola. [37]

 

Novak menciona la piratería en repetidas ocasiones.

 

El nuevo capitalismo no es una cuestión de aventura o piratería, sino de empresa continua, planificada y organizada, y evaluación de pérdidas y ganancias. Sin la invención de la contabilidad de doble entrada, sin sofisticación matemática, sin las técnicas de análisis posible gracias a la ciencia moderna, el cálculo continuo no sería posible. [38]

 

Novak da la impresión de que sólo el genio inglés podría haber llegado a algo tan avanzado. El único problema es que los ingleses, a pesar de las profundas declaraciones de Locke sobre las fresas, prácticamente no tuvieron nada que ver con la invención de los avances económicos en que se basa el capitalismo. La contabilidad de doble entrada fue inventada por los italianos, así como las letras de cambio, y la banca de reserva fraccional. He aquí la incapacidad latina cuando se trata de la ciencia económica.

 

Piratería

 

Los ingleses, por el contrario, fueron notorios promotores de la piratería. Este hecho se muestra inadvertidamente en la mejor exposición de la tesis de Weber en el mundo de habla Inglés, R.H. Tawney La religión y el surgimiento del capitalismo. Dice Tawney: "Weber, en un célebre ensayo, propuso la tesis de que la versión inglesa del calvinismo fue la madre del capitalismo". De acuerdo a Weber, "el radicalismo religioso . . . iba de la mano con un radicalismo económico." [39]

 

Sin embargo al tratar de justificar la tesis de Weber, sin darse cuenta, Tawney la refuta. Cada instancia de pensamiento puritano que Tawney cita para mostrar la transición del puritanismo al capitalismo sale mal. Richard Baxter, el teólogo puritano que tanto Tawney como Weber citan como pensador en el nuevo modo capitalista, es completamente escolástico en sus teorías económicas, como cuando escribe que el hombre "no tiene que conseguir un buen precio para sus propios productos ‘mediante extorsión explotando la ignorancia, el error, o la necesidad de los hombres’". O cuando escribe que "nadie puede asegurarse una ganancia pecuniaria para sí mismo si causa daño a su prójimo." [40] O cuando escribe que "[el hombre] no debe mejorar (es decir, cercar) su tierra sin tener en cuenta el efecto sobre los arrendatarios, o desalojar a sus inquilinos sin compensarlos, o de tal manera que provoque la despoblación." [41] El cristiano, Baxter, concluye, "debe gestionar su negocio a fin de ‘evitar el pecado más que la pérdida’, y buscar primero mantener su conciencia en paz." [42]

 

Ajeno al hecho de que acaba de refutar la tesis de Weber, Tawney escribe:

 

La primera característica de toda esta enseñanza que llama la atención del lector moderno es su conservadurismo. A pesar de las revoluciones políticas y económicas de los últimos dos siglos, que pequeño, después de todo, es el cambio en la presentación de la ética social de la fe cristiana! [43]

 

Tawney pasa luego a remarcar lo mismo pero de una manera aún más fuerte cuando escribe que:

 

Baxter … discurre sobre la equidad en la negociación de precios justos, los alquileres razonables, y el pecado de la usura, no solo en el mismo tono, sino con las mismas conclusiones que un escolástico medieval, y difiere de uno de los últimos doctores, como San Antonino, no más de lo que San Antonino mismo difería de Aquino. [44] 

 

La religión, en otras palabras, no trajo consigo el surgimiento del capitalismo. Los puritanos eran tan conservadores como los escolásticos cuando se trataba de pensamiento económico, sobre todo si tenemos en cuenta las conclusiones de los últimos escolásticos en el Concilio de Letrán de 1515. La conclusión que puede extraerse de las fuentes de Tawney es ineludible. La fuente del gran cambio en el curso de la civilización occidental conocida como capitalismo, fue claramente no religiosa.

 

De hecho, cuando Tawney finalmente examina el caos en la vida inglesa durante la crucial primera mitad del siglo XVI, toda la evidencia apunta lejos de la religión. Para empezar, la gran conmoción en la vida inglesa tuvo lugar 100 años antes del momento en que Tawney/Weber sostienen que la doctrina cambió y 200 años antes de que realmente cambiara. La verdadera causa de la agitación en Inglaterra no era el cambio en la doctrina religiosa, sino que fue el robo de bienes de la Iglesia y el cercado  [N. de T. Con el término cercamiento (enclosure en inglés) se hace referencia al cierre de los terrenos comunales (tierra demanial) a favor de los terratenientes ocurrida en Inglaterra principalmente luego de la Reforma. Las actas de cercamiento (enclosure acts) perjudicaron principalmente a los campesinos, que no podían ya usar los beneficios de los terrenos. En favor de los grandes propietarios o terratenientes.] de las tierras y los desalojos posterioriores resultado de esta orgía de "privatización". No era la religión que causó la agitación. Como Tawney mismo dice, "fue el saqueo agrario lo que principalmente despertó la codicia de la época, y las injusticias agrarias el motivo más importante del cuestionamiento social." [45] La "nueva santidad", examinada más de cerca, no es otra cosa que los viejos conocidos vicios de avaricia, robo y saqueo.

 

Cien años antes que escribiesen puritanos como Baxter y Ames, las actas de Enrique VIII y el Parlamento, rompiendo la conexión entre Inglaterra y la Iglesia de Roma "produjeron una redistribución radical de la riqueza, llevada a cabo por una minoría sin escrúpulos mediante la violencia, la intimidación y el fraude y seguidas por una orgía intencional de desgobierno por parte de sus principales beneficiarios, lo que agravó todos los problemas y dio una nueva vuelta de rosca oprimiendo a campesinos y artesanos." [46]

 

Tawney es, sin dudas, más elocuente que Weber en la descripción de lo que realmente ocurrió en Inglaterra durante el verdadero nacimiento de la era capitalista:

 

Los lores, ya no más irrelevantes nobles, sino astutos empresarios ahora arrendaban sus tierras a los agricultores capitalistas, listos para captar los beneficios del pastoreo de ovejas, y ansiosos por eliminar la red de las restricciones comunitarias que impedían su extensión. [47]

 

La revolución de los precios … después de 1540 … inyectó un virus de hasta entonces insospechada potencia, a la vez un estímulo para la empresa vehemente y un ácido disolvente de todas las relaciones tradicionales. [48]

 

El objetivo del gran terrateniente ya no era tener a su mando un ejército de soldados, sino explotar sus propiedades como una inversión sensata. [49]

 

La inseguridad perenne de un creciente, aunque todavía pequeño, proletariado, [fue] separada de su estrecho nicho en la aldea o barrio, [y se convirtió en] el juego de fuerzas sociales que éste no podía entender, ni detener, ni controlar. [50]

 

Si, a pesar de todo, el problema era agudo mucho antes de la confiscación de las propiedades monásticas, su agravamiento por la furia de la expoliación de Enrique VIII y Cromwell está fuera de discusión. [51] Propiedades con un valor de capital (en términos de dinero moderno) de 15 a 20 millones libras cambió de manos. A las tierras de los monasterios, que entraron en el mercado después de 1536 se añadieron las de los gremios (guilds) y las capillas (chantries) en 1547. [52]

 

La magnitud de lo que ocurrió en Inglaterra en las décadas de mediados del siglo XVI fue comparable a la "privatización" que tuvo lugar en Rusia durante la década de 1990, y en la continuidad histórica que conecta los dos eventos podemos llegar a la verdadera definición del capitalismo. Lejos de ser la expresión de algúna vaga "nueva santidad" el capitalismo siempre fue la racionalización y la promoción de los saqueos. Lo único que cambió durante los 500 años de su historia fue la sofisticación de los instrumentos que permitieron el robo. Tawney es elocuente en describir tanto el robo y como los ladrones. Enrique VIII compartió el botín porque el gobierno "necesitaba un partido para llevar a cabo una revolución." El saqueo incluso engendró a un genio financiero para llevarlo a cabo, Sir Richard Gresham, padre de la ley de Gresham, un hombre sin nada que envidiarle a aquellos que más tarde tramaron las compras pre-arregladas de la época de Boesky o los esquemas Ponzi de Bernie Madoff. De hecho, la denominada "Reforma" tuvo más que ver con los bienes raíces que con la teología y tuvo mucho más en común con la bursatilización de hipotecas de alto riesgo que –perdón señores Weber, Tawney y Novak– con la predestinación o cualquier otro tema teológico. Como Tawney mismo dijo, el resultado neto de la Reforma inglesa

 

fue enajenar la mayoría de la tierra casi de inmediato y gastar el capital como ingreso. Durante una década hubo una ola especuladora con la tierra. Gran parte de las propiedades fueron compradas por cortesanos necesitados por cifras ridículamente bajas. Otro tanto pasó a astutos empresarios, que ejercieron como gestión los métodos aprendidos en la escuela financiera de la City, el concesionario individual más grande fue Sir Richard Gresham. [53]

 

En poco tiempo el saqueo oportunista de las propiedades de la Iglesia había mutado en un sistema económico:

 

En Londres, grupos de comerciantes . . . formaron sindicatos de facto para explotar el mercado. Alquileres extorsivos, desalojos, y la conversión de tierras de cultivo en tierras de pastura fueron el resultado natural, ya que contabilización incluía los valores en cada transferencia y, a menos que el comprador exprimiera a los inquilinos, la operación no podía dar dividendos. [54]

 

Si la religión desempeñó un papel en el surgimiento del capitalismo, lo hizo principalmente como un pretexto para el saqueo. A pesar de su deseo de confirmar la tesis de Weber, Tawney da la mejor descripción de la relación entre la religión y el surgimiento del capitalismo, cuando escribe que: "La aristocracia advenediza del futuro tenía sus dientes en el cadáver, y habiendo probado sangre, no iba a ser apartada por un sermón." [55] Aún tratando de salvar las apariencias de la tesis de Weber, Tawney escribe no obstante, que "el puritanismo, no la secesión Tudor de Roma, fue la verdadera reforma inglesa, y es de ésta lucha contra el viejo orden que emerge una Inglaterra inconfundiblemente moderna." [56]

 

Esto puede ser cierto de la Reforma, pero justamente lo contrario es cierto del capitalismo. El capitalismo comenzó en Inglaterra con el saqueo de los monasterios. Fue la racionalización sistemática del saqueo que conocida luego como la historia whig, y no la religión puritana, que dio origen a la creencia "de que el individuo es maestro absoluto de sí mismo, y dentro de los límites establecidos por el derecho positivo puede explotar esto fanáticamente para su provecho pecuniario, liberado de toda obligación de posponer su propio beneficio para el bienestar de sus vecinos, o para dar cuenta de estas acciones a una autoridad superior. Fue, en resumen, la teoría de los bienes que más tarde sería aceptada por todas las comunidades civilizadas" [57] y llegó a ser conocida como el capitalismo.

 

El saqueo –no la religión, y ciertamente no el puritanismo– provocó el surgimiento del capitalismo. El propio testimonio de Tawney pone la tesis de Weber cabeza abajo, cuando nos dice:

 

Los pensadores más representativos de la Iglesia de Inglaterra no tenían intención de romper con las doctrinas tradicionales … Las declaraciones de los hombres de religión en el reinado de Isabel … tenían más afinidad con las doctrinas de los escolásticos, que con las que iban a estar de moda después de la Reforma ... En su insistencia en que la compra y venta, arrendamientos y alquileres, préstamos y empréstitos deben ser controlados por una ley moral, de la cual la iglesia es la guardiana, la opinión religiosa después de la Reforma no difirió de la opinión religiosa antes de ésta. [58]

 

La religión no cambió la economía, como afirma Weber, por el contrario, la economía cambió la religión. La supuesta Reforma en Inglaterra hizo uso de un pretexto religioso para mover una cantidad enorme de la riqueza de las manos de la Iglesia Católica a las manos de los saqueadores. Que la recién creada Iglesia de Inglaterra se benefició de esta transferencia de riqueza es innegable, y que ese cambio de fortunas causó resentimiento entre las iglesias libres, es decir, los puritanos, que fueron cortadas del reparto del botín, es igualmente innegable. La cuestión no fue a cerca de teorías religiosas, sino sobre el robo y su justificación religiosa. La figura fundamental en este asunto no fue un infeliz teólogo puritano cuyas doctrinas económicas eran indistinguibles de San Antonino de Florencia, sino capitalistas como "Sir Thomas Gresham, quien dirigía los negocios del gobierno en Amberes." [59] Para personas como Gresham, la idea de teólogos prohibiendo las suculentas ganancias de préstamos usurarios no era sino estupidez, porque concebían todas las transacciones desde un punto de vista económico que ipso facto excluía consideraciones morales. El capitalismo es el abanderado de ese punto de vista económico. La misma verdad se aplica hoy en día, la supresión de la ley moral en la esfera económica es el signo infalible del capitalismo. Eso junto al saqueo, que es la praxis del capitalismo, son las constantes que van a acompañar el progreso de la "nueva santidad" a través de los siguientes 500 años de historia, hasta nuestro presente.

 

Tanto Weber y Tawney, y epígonos como Michael Novak, entendieron todo al revés. La religión no trajo consigo el surgimiento del capitalismo, sino que el capitalismo trajo la corrupción de la religión. La situación real fue la tesis de Weber cabeza abajo. 

 

La ironía de la obra de Tawney es que parece no darse cuenta que está socavando la tesis de Weber al momento mismo de presentarla, por ejemplo cuando escribe que “esta calificada condonación de la usura de parte del estado naturalmente fue una reacción debido a la opinión religiosa.” [60]

El momento crucial en el cual la teoría religiosa se alineó con la praxis económica no sucedió durante la dictadura y teocracia puritana, sino mas bien durante el tiempo de la Restauración, cuando a los judíos —quienes cambiaron de caballo a mitad del río, abandonando a Cromwell y apoyando a Carlos II— les fue permitido volver a Inglaterra (no, como es comúnmente creído bajo los puritanos, quienes los mantuvieron fuera).

 

El verdadero cambio vino tras la Revolución Gloriosa cuando John Locke, el propagandista whig favorito de Michael Novak, se convirtió en el primer pensador en articular el nuevo sistema liberal, cuya manifestación económica era el capitalismo. A comienzos del siglo XVIII, la iglesia anglicana de Inglaterra había aceptado completamente su rol de santificador del nuevo orden económico. Como resultado de esto, escribe Tawney, “en el siglo XVIII es casi superfluo examinar las enseñanzas de la iglesia anglicana relativas a ética social.” Lo que marcó el tono en el siglo XVIII fue “la nueva aritmética política … la cual … se inspiró no en la religión o la moral, sino en la matemática y en la física.” [61]

 

En otras palabras, el capitalismo reemplazó al puritanismo; no nació de éste. Tawney no deja de remarcar el hecho que el Dr. Nicholas Barbon, propagandista capitalista y “experto en temas monetarios, pionero en seguros y entusiasta de préstamos bancarios a cambio de tierras,” [62] era hijo del entusiasta puritano, Praise-God Barebones, y sostiene que la transición “había sido preparada, accidentalmente, por puritanos moralistas.” [63] Pero como dijo LaPlace, no es necesaria tal hipótesis, para explicar el surgimiento del capitalismo. El capitalismo, si por esto entendemos el sistema económico que alcanzó su máximo desarrollo en Inglaterra tras la Revolución Gloriosa, nunca escapó a sus orígenes de rapiña y saqueo predatorio. Esto explica la avidez con la cual Michael Novak se apropia de la aserción de Weber de que el capitalismo fue la creación de píos protestantes. La tesis de Weber es útil porque aparta la atención de la causa real del capitalismo, que fue el saqueo de las propiedades de la iglesia en Inglaterra durante el siglo XVI. Weber le da un decoro que el capitalismo no merece.

 

Habiendo dicho esto, toda discusión sobre el capitalismo está inmediatamente plagada por un problema semántico. Los proponentes del capitalismo usan el término como sinónimo de “verdad económica” de la misma manera que las feministas usan el término mujer como sinónimo de feminista. Cuando Novak usa la palabra capitalismo se refiere a “economía moderna,” [64] como cuando sostiene que la iglesia “se opuso a la economía moderna durante siglos.” [65] Con respecto a esto Novak calló en la misma trampa semántica que Weber cuando definió al capitalismo como idéntico a la búsqueda del lucro, por siempre el lucro, mediante la continua y racional iniciativa capitalista … La acción económica capitalista … descansa en la expectativa del lucro por la utilización de oportunidades de cambio, es decir, en posibilidades (formalmente) pacíficas de lucro. [66]

El lector perceptivo puede haber notado que acá no hay diferencias entre capitalismo e iniciativa económica. Esto quiere decir que el capitalismo es sinónimo de ciencia económica, que a su vez es sinónimo de razón, lo que significa que todo aquel que se opone a la ideología capitalista es irracional. Esto se aplica especialmente a religiosos católicos que critican al capitalismo por razones morales.

 

Cuando los obispos peruanos escribieron tras el Vaticano II que hay injusticia en el sistema internacional de finanzas, Novak los increpa por su ignorancia en principios económicos fundamentales, con lo cual él quiere decir, obviamente, a la aceptación incondicional de los cánones de la ideología capitalista. En el mundo del “capitalismo democrático,” la ciencia y la ideología son la misma cosa. O como lo expresa Novak:

 

¿Son los obispos realmente expertos en las cuestiones técnicas del comercio internacional? Antes de emitir condenas morales ¿entienden las leyes que afectan a las monedas? ¿Desean gozar de la riqueza de otros sistemas sin haber primero aprendido como la riqueza puede ser creada y sin cambiar sus enseñanzas económicas? La aristocracia y el ejército peruanos estuvieron tres siglos bajo su tutelaje. ¿Les enseñaron los obispos peruanos durante tres siglos que la vocación del laico está en producir riqueza, autonomía económica, industria y comercio, y en ser administradores creativos? [67]

 

Esta es una queja conocida. Es similar a sostener que a menos que el Papa sepa cómo llevar a cabo una ligadura de trompas, no puede condenar la esterilización como inmoral. Es similar a decir que el Papa no tiene derecho a condenar una guerra injusta o tácticas específicas como inmorales a menos que sea experto en estrategia militar. Novak está básicamente asumiendo que el capitalismo como técnica necesariamente conduce a los mejores resultados, entendiendo por estos la generación de riqueza. Argumentos más que sólidos podrían ser aducidos mostrando que los resultados predichos por la teoría económica son irreales o vacuos, que no conducen a la creación de la riqueza, que el capitalismo no es la única o mejor ruta hacia diversos buenos resultados, o que la creación de riqueza por si misma no es el summum bonum de la vida económica, y tales argumentos ciertamente requerirían cierto conocimiento de la teoría económica. Pero no es lo que se quiere acá subrayar. Del mismo modo que el asesinato masivo de civiles es inaceptable y previene cualquier discusión de tácticas de guerra que hacen uso de tales acciones, el señalar que la expoliación económica es inaceptable también previene cualquier discusión a cerca de la eficiencia técnica de un sistema que la permite.

 

El capitalismo no significa otra cosa que la exclusión de consideraciones morales del campo de la iniciativa económica. Pretende ser una ciencia similar a la física o a la matemática con el objetivo de cubrir su esencia, que es la expulsión de la moral de una ciencia que está inexorablemente basada, no en leyes físicas, sino en caprichos de la elección humana. Debido a que está basada en la elección humana, la economía está inexorablemente ligada a la ética. A parte de proveer la gramática del discurso económico, la moral provee el telos necesario para la economía al articular la jerarquía de bienes, esencial en cualquier elección racional. La moral está tan íntimamente ligada a la economía como la matemática está a la física. Está es precisamente la relación que la ideología capitalista suprime. Para articular mejor la relación entre ideología capitalista y ciencia económica, se podría hacer uso de la siguiente analogía: el capitalismo es a la economía lo que el Darwinismo a la biología.

 

La historia desde el ángulo whig tampoco puede salvar al capitalismo democrático de Novak o a la tesis de Weber de sus propias incoherencias internas. Esta es una verdad a fortiori sobre las preguntas relativas a los orígenes del capitalismo. El Geist de Weber está lleno de contradicciones. Weber ve una conexión entre la doctrina de la predestinación de Calvin y el capitalismo, pero predestinación era más aplicable al marxismo que al capitalismo y al liberalismo, ambos de los cuales enfatizaban la libertad de la voluntad. Inclusive Weber parece estar poco convencido a veces de su propia hipótesis. Weber sostiene que el hombre que mejor encarnó el espíritu capitalista fue Benjamín Franklin. Y que “la manera estadísticamente tabulada con que Franklin llevaba cuenta de su quehaceres en diferentes campos es un clásico ejemplo” [68] del espíritu del capitalismo. Sin embargo Franklin no era puritano, sino anti-puritano, y el llevar cuentas, como Sombart observó, era más parte de la religión judía que del cristianismo.

 

Weber luego trata de localizar el espíritu capitalista en la idea del “llamado”, sosteniendo “el énfasis en la importancia ascética de un llamado predeterminado proveyó una justificación ética para la división moderna del trabajo especializado. De modo similar, la interpretación providencial del beneficio económico justificó las actividades de los hombres de negocio.” [69] “La idea del deber en el llamado personal,” concluye Weber “merodea en nuestras vidas como el espectro de creencias religiosos muertas.” [70]

 

Novak se apropia de la idea de Weber del llamado o vocación en su libro sobre el capitalismo democrático:

 

Al cerrar las puertas del monasterio, como lo expresa Weber, la Reforma condujo la energía de ciertas virtudes humanas hacia objetivos más mundanos. El progreso y el crecimiento económico—no solo personal sino del mundo entero—pasaron a ser vistos como la voluntad de Dios. El progreso imponía disciplina, una suerte de “ascetismo del otro mundo.” Esta tierra era ahora vista como llena de las promesas de la ciencia, las artes, la religión e inclusive los humildes placeres de la vida humana. [71]

 

Como acota Fanfani, no hay nada específicamente calvinista o puritano acerca de la idea de vocación. El rasgo que hace al capitalismo único no tiene nada que ver con la religión o la moral y todo que ver con el rechazo de ambas.

 

Weber estaba acertado cuando se refería al puritanismo como “hebraísmo inglés” [72] porque los puritanos como judaizantes se acercaron más que nunca al ideal capitalista no a través de lucubraciones teológicas, sino imitando las prácticas comerciales de los judíos. El primer paso en esta dirección fue la “teología del convenio (covenant theology),” o considerar la relación del hombre con Dios como un contrato comercial. El “hebraísmo inglés” tuvo un impacto mayor en el comportamiento práctico que en la teoría, la cual tendió a retener sus conexiones con el escolasticismo porque los judíos se mantuvieron del lado político y especulativamente orientado del capitalismo; su filosofía era… la de un capitalismo paria. Pero el puritanismo hizo suya la filosofía de la organización racional del trabajo y el capital. Tomó de la ética judía solo lo que era adaptable a su propósito. [73]

 

A medida que las raíces religiosas del “hebraísmo inglés” morían lentamente, los aspectos prácticos judaicos tomaron el control, que es equivalente a decir que los descendientes de los puritanos comenzaron a comportarse como judíos en sus transacciones económicas cotidianas mucho antes que la teología judaizante de los teólogos puritanos desapareciera.

 

Una de las primeras críticas a la tesis de Weber fue también una de las primeras que notó la conexión entre los puritanos y los judíos. En su libro publicado en 1907, Los judíos y el capitalismo moderno, Werner Sombart apunta que todo lo que Weber dijo a cerca de los puritanos era también a fortiori aplicable a los judíos. Si el primer trabajo de Sombart sobre el capitalismo llevó a Weber a escribir sus artículos sobre el espíritu puritano, dichos artículos llevaron a Sombart a escribir su libro sobre los judíos. “De hecho,” escribe Sombart, “la investigación de Max Weber es responsable de este libro. Ya he mencionado que el estudio de Max Weber sobre la importancia del puritanismo para el sistema capitalista fue lo que me dio el ímpetu para considerar la importancia del judío, especialmente porque creo que las ideas dominantes del puritanismo que fueron tan poderosas en el capitalismo habían sido perfectamente desarrolladas en el judaísmo, y en una etapa muy anterior.” [74] Habiendo leído la tesis de Weber, Sombart se pregunta

 

si todo lo que Weber le atribuye al puritanismo no puede también atribuírsele al judaísmo, y probablemente en mayor grado, más aun, se podría sugerir que lo que ha sido llamado puritanismo es en realidad judaísmo. [75]

 

De acuerdo a Sombart, el puritanismo es solo una forma aberrante de judaísmo porque

En ambos se encontrará la preponderancia de intereses religiosos, la idea de premios y castigos divinos, ascetismo en el mundo, una relación estrecha entre religión y negocios, la concepción aritmética del pecado, y sobre todo, la racionalización de la vida. [76]

 

Sombart no fue el primero en notar la conexión. Cita a Heinrich Heine quien preguntó: “¿No son acaso los protestantes escoceses hebreos, con sus nombres bíblicos, su Jerusalén, su canto farisaico? ¿Y no es su religión un judaísmo que permite comer cerdo?” [77]

 

O, como dijo un calvinista: “Si debo decir bajo palabra de honor porque me hice calvinista, tendré que confesar que la primera y única razón que me persuadió fue que de entre todas las religiones, no puede encontrar ninguna que estuviera más de acuerdo con el judaísmo y su visión de vida y fe.” [78]

 

Escribiendo 60 años antes de que Werner Sombart intentara corregir la tesis de Weber argumentando que el capitalismo era judío, Karl Marx escribió en Zur Judenfrage que el culto del judío era comercio y su dios el dinero, y que el país más judío en la tierra era Nueva Inglaterra ya que los puritanos se habían asentado allí:

 

El habitante de Nueva Inglaterra, devoto y políticamente libre, es una suerte de Laoconte que no se esfuerza en lo más mínimo por escapar las serpientes que lo están asfixiando. Mamón es su ídolo, a quien adora no solo de palabra sino también con toda la fuerza de su cuerpo y su mente. En su visión el mundo no es más que una bolsa de cambio, y está convencido que no tiene otro destino en la tierra que ser más rico que su vecino. El comercio ha capturado todos sus pensamientos, y no tiene otra recreación que intercambiar objetos. Cuando viaja, lleva consigo sus bienes y su libro de cuentas, y habla solo de interés y beneficio. [79]

 

Marx también enfatiza el lado práctico de la vida, específicamente el comercio, donde los valores judíos han influenciado notoriamente a sus imitadores y admiradores nominalmente cristianos, los puritanos. El dinero, no la teología, es la verdadera ecuménica lingua franca.

 

El dinero es el celoso dios de Israel, junto a quien ningún otro dios puede existir. El dinero rebaja a todos los dioses de la humanidad y los muta en mercancías. El dinero es el valor universal y autosuficiente para todas las cosas. Le ha quitado al mundo, tanto al humano como al natural, de todo su verdadero valor. El dinero es la esencia alienada del trabajo y la existencia del hombre; esta esencia lo domina y lo obliga a adorarla… El dios de los judíos ha sido secularizado y se ha vuelto el dios del mundo. La letra de cambio es el verdadero dios del judío. [80]

 

Como lo demostró Tawney malgre lui, no hay diferencia a nivel teórico entre el teólogo puritano y el escolástico católico cuando se trata de la relación entre la moral y la economía. A nivel práctico, sin embargo, ocurre lo opuesto. Si se busca lo que el judío y el puritano tienen en común en la práctica, la respuesta es capitalismo, no teología.

 

Marx, como William Cobbett, a quien admiraba, consideraba que el capitalismo comenzó con el saqueo de los monasterios católicos. Al romper con el catolicismo, el cristianismo inglés se judaizó al beneficiarse financieramente del saqueo de los monasterios, la iglesia anglicana aceptó a Mamón como su dios. Esto es a lo que Marx se refería cuando dijo que el cristianismo el cual “surgió del judaísmo… ahora había sido reabsorbido en el judaísmo.” [81] El mismo cristianismo que Marx caracterizó como “el pensamiento sublime del judaísmo” [82] retornó de nuevo al judaísmo, una vez que su raison d’etre fue el saqueo racionalizado.

 

Al comienzo, el cristiano era un judío teórico. Alcanzó este estado al elegir la misión del cielo por sobre la del dinero. Por otro lado todo cristiano que elige la hegemonía de Mamón sobre la moral se vuelve un “cristiano práctico,” es decir un judío. O como Marx lo describe: “El judío es el cristiano práctico. Y éste ha devenido nuevamente judío.” [83] Tan pronto cuando subordinó la moral a la economía, o sea cuando comenzó a adorar a Mamón, el verdadero dios de los judíos, el cristiano se volvió capitalista, se volvió judío, y el cristianismo se convirtió en una forma de judaísmo. Enmarcado en estos términos, la formulación de Marx explica ambos lados de la guerra civil inglesa, tanto a los anglicanos (quienes se beneficiaron del saqueo cuando se convirtieron en la iglesia estatal y tomaron propiedad robada) como a los puritanos. El punto en común que ambos bandos compartieron luego de la revolución gloriosa, cuando los roundhead y los cavalier se aliaron por primera vez como “protestantes,” fue el capitalismo, que no es sino la postración ante el dios judío, el dinero. [Los roundheads (cabezas redondas en inglés) fueron aquellos que durante la guerra civil inglesa (1642 - 1651) apoyaron el bando del Parlamento frente a la Monarquía de la Casa de Estuardo. Oliver Cromwell fue uno de sus líderes. Los cavalier eran los realistas (royalists) que apoyaron al rey Carlos I desde la guerra civil inglesa hasta la restauración. La guerra civil estableció el precedente que el monarca inglés no puede gobernar sin el consenso del parlamento, aunque este concepto fue legalmente establecido solo con la llamada revolución gloriosa a fines del mismo siglo, cuando el holandés Guillermo de Orange, aliado con los partidarios del Parlamento, invadió Inglaterra.]

 

La manera en que Sombart interpreta a Weber parece una continuación del tratado de Marx sobre los judíos. Para ambos, el Geist del capitalismo es judío. “La visión judía,” de acuerdo a Sombart

 

es “moderna.” La visión judía era la visión “moderna”; el judío estaba movido en sus actividades económicas del mismo modo que el hombre moderno. Repasando la lista de “pecados” judíos en los siglos XVII y XVIII no se encuentra nada que el comerciante de hoy en día no considere justo y correcto, nada que no se estime normal. A lo largo de los siglos los judíos han liderado la causa por la libertad individual en actividades económicas contra las posiciones dominantes del momento. El individuo no debería estar limitado por regulaciones de ninguna clase, ni en relación a su producción ni tampoco en las decisiones del día a día: debería ser capaz de crearse un lugar de acuerdo a su voluntad, y ser capaz de defenderlo contra competidores. El individuo debería ser capaz de ir adelante a expensas de otros, si así lo fuera; y las armas en esta lucha supuestamente deberían ser la sagacidad, la astucia, y la artería; no debería haber ninguna consideración aparte de quebrar la ley; finalmente toda actividad económica debería ser regulada solo por el individuo del modo que él mejor lo considere a fin de obtener los resultados más eficientes. En otras palabras, la idea de libre comercio y libre competencia ya estaba aquí presente; la idea del racionalismo económico … Todas estas actividades son sintetizadas en la palabra “capitalismo.” [84]

 

Sombart va más allá al sostener que el capitalismo moderno nació del préstamo de dinero a interés, y que el ser prestamista constituye la ocupación judía arquetípica:

 

El préstamo de dinero [a interés] contiene la idea raíz del capitalismo … En el préstamo toda concepción de calidad desaparece y solo el aspecto cuantitativo importa. En el préstamo el contrato es el principal elemento de negocio; el acuerdo sobre el quid pro quo, la promesa futura, la noción de entrega son sus partes componentes. En el préstamo no existe la noción de producir solo lo necesario para uno mismo. En el préstamo la actividad económica como tal no tiene sentido; ya no se trata de ejercitar el cuerpo o la mente; se trata de tener éxito. El éxito, entonces, es lo único que tiene sentido. En el préstamo está por primera vez expresada la posibilidad de poder ganar algo sin trabajar; que se puede lograr que otros trabajen para uno sin recurrir a la fuerza. [85]

 

Al igual que Marx, Sombart pensaba que “la religión judía tiene las mismas ideas directrices que el capitalismo.” [86]

 

En todo su razonamiento [la religión judía] nos parece una creación del intelecto, un ente de pensamiento y propósito proyectado al mundo orgánico, forjada mecánica y arteramente, destinada a destruir y a conquistar la naturaleza y a reinar en su lugar. Así también es que el capitalismo aparece en la escena; como la religión judía, un elemento ajeno en el medio del mundo natural. Este puñado de rasgos salientes se explica con una palabra: racionalismo. El racionalismo es el trazo característico del judaísmo y del capitalismo. [87]

 

El capitalismo, como la usura en la cual está basado, es como escribe Sombart “contrario a la naturaleza”:

 

Antes de que el capitalismo pudiese desarrollarse el hombre natural tenía que ser cambiada rotundamente, y una mecanismo de orientación racional introducido en su lugar. Tenía que haber una transformación de todos los valores económicos. El resultado fue el homo capitalisticus, quien está muy relacionado al homo judaeus, ambos pertenecientes a la especie homines rationalistici artificiales. [88]

 

El ascenso el capitalismo en la Europa cristiana implicó que el hombre de negocios se volviese más “judío” en sus transacciones con otros cristianos. El judío piadoso tenía prohibido prestar dinero a interés a otros judíos, pero “no estaba limitado por esta ley anti-usura cundo se trataba de préstamos a aquellos que no eran judíos.” No pasó mucho tiempo antes de que la venia se tornara en fomento, que rápidamente degeneró en una cultura de trampas donde el judío era admirado por su usura para con los cristianos.

 

Sombart cita a Heinrich Graetz, el padre de la historiografía judía, como su autoridad en la materia. Graetz, “sin duda un testigo no prejuicioso,” escribió “tergiversar una frase de su sentido original, emplear todos los trucos del abogado artero, especular con el sentido de las palabras, y condenar lo que era desconocido a ellos… tales eran las características del judío polaco … La honestidad y el derecho han sido completamente perdidos por él al igual que la simplicidad y la sinceridad. Se volvió el maestro de todas las artimañas y las aplicó para obtener ventajas sobre aquellos más astutos que él. Se alegraba en el engaño, el cual le daba cierta alegría de triunfo. Pero a su propia gente no la podía tratar de igual modo, ya que ellos sabían tanto como él. Los que no eran judíos, para su infortunio, sufrían las consecuencias de la mente talmúdicamente entrenada del judío polaco.” [89]

 

A medida que esta actitud se expandió entre los hombres de negocio cristianos, combinado con el hecho innegable que los saqueadores en Inglaterra pertenecían a la aristocracia, el conflicto de clases fue evidente ya que entre los ingleses la clase era el substituto por conceptos judíos como los “goyim,” i.e. la gente a la cual está permitido estafar. Para cuando Marx llegó a Inglaterra, el conflicto de clases era una parte inextricable del sistema capitalista.

 

Similarmente el concepto del precio justo no era desconocido entre los judíos, pero solo se aplicaba entre judíos. En las relaciones de los judíos con los goyim el precio, como lo indica la cita de Graetz, era lo que el judío podía extraer. Esta distinción tendría notorias consecuencias. Como nota Sombart, a lo largo de siglos los estándares judíos de comercio se volvieron más y más la norma en Europa. Los mercaderes cristianos comenzaron a imitar a los judíos, y de modo gradual pero sistemático estos métodos suplantaron aquellos basados en la teología moral católica. Con el ascenso del capitalismo, el cristiano que aspiraba a tratar a cada hombre como a un hermano en Cristo fue reemplazado por el equivalente capitalista quien trataba al cliente igual que el judío trataba al goyim. Los cristianos que tenían las mejores chances de tener éxito en el comercio eran aquellos que estaban más dispuestos a actuar como judíos, como el éxito de los lombardos en lugares como Brujas lo atestigua.

 

Como Yuri Slezkine, Sombart creía que “la visión judía era la visión moderna.” Por eso “los judíos han sido los campeones de la causa por la libertad individual. Se opusieron a las regulaciones, apoyaron el libre comercio y fomentaron el racionalismo económico … La religión judía y el capitalismo comparten el mismo espíritu. Ambos son elementos artificiales ajenos a un mundo natural. Ambos son creaciones del intelecto.” [90]

 

A diferencia de la teoría de Weber sobre el origen del capitalismo, la tesis de Sombart se corresponde con el progreso histórico del capitalismo. Sombart sostiene que “la actividad económica sigue el itinerario de los judíos a medida que estos pasaron de las naciones del sur europeo hacia las del noroeste. Holanda, Inglaterra y Francia devinieron actores económicos importantes desde que recibieron judíos españoles emigrados.” [91] Su aseveración que los judíos desarrollaron “la máquina comercial que mueve la vida comercial” es menos plausible que la de que los judíos le dieron vida a su “espíritu interior” o Geist.

 

De acuerdo a Sombart el capitalismo comenzó a crecer con la expulsión de los judíos de España.

         

Uno de los hechos más importantes en el crecimiento de la vida económica moderna es el traslado del centro de la actividad económica de las naciones del sur de Europa—Italia, España y Portugal, junto a quien deben ser incluidas zonas del sur alemán—hacia las del noroeste—Holanda, Francia, Inglaterra y el norte alemán. El evento que definió esta época fue el súbito ascenso en prosperidad de Holanda, y esto dio ímpetus para el desarrollo de posibilidades económicas en Francia e Inglaterra. [92]

 

El argumento de Sombart que la expulsión de los judíos de España trajo el capitalismo al noroeste de Europa tiene cierta plausibilidad si se ignoran las contribuciones de los italianos o si se insiste en la distinción semántica anteriormente apuntada, i.e. que el capitalismo es una ideología, no una ciencia. Muchos de los judíos de la península ibérica terminaron en los Países Bajos españoles, y como resultado Amberes se convirtió en el principal nodo ligando el comercio atlántico de oro y plata, el comercio de especies de las Indias orientales, el comercio mediterráneo desde el sur y el de las ciudades hanseáticas del báltico. Considerando la conexión de Amberes a todos estos mercados y a transacciones a través de los ríos alemanes, no es ninguna sorpresa que el comercio se haya incrementado espectacularmente bajo estas circunstancias, y dado el rol que los judíos recientemente expulsados de España (en colaboración con ingleses protestantes y holandeses calvinistas) jugaron en decidir la manera en que se llevaría a cabo tal comercio, no es sorprendente que el capitalismo se volviese ipso facto enemigo de los intereses católicos y de la ley moral.

 

Sombart, al igual que Marx previamente, pensaba que los Estados Unidos estaban destinados a ser el país capitalista por excelencia debido a la circunstancias de su colonización y su nacimiento. Sobresaliendo entre estas circunstancias estaba el “acceso judío a nuevos descubrimientos de oro y plata en países de América central y del sur,” lo que “facilitó su rol en el comercio internacional de bienes de lujo.” Debido a esto Sombart cree que “los Estados Unidos están saturados con el espíritu judío.” [93]

 

Después de deconstruir lo sostenido por Weber, Sombart viene a proponer su propio mito acerca del origen del capitalismo. La Europa moderna fue creada por la confluencia de dos grupos: alemanes arraigados a la tierra y judíos pastores errantes. De acuerdo a Sombart,

 

La civilización capitalista de nuestro tiempo es el fruto de la unión ente los judíos, un pueblo del sur desplazado hacia el norte, y las tribus nativas del norte. Los judíos contribuyeron con su extraordinaria capacidad para el comercio, y los pueblos del norte, especialmente los alemanes, aportaron su remarcable habilidad para las invenciones técnicas. [94]

 

La premisa fundamental sobre la cual se asienta la mitad alemana de la tesis de Sombart, es la afirmación que “desde el comienzo [nuestros ancestros, i.e. los alemanes] … parecen haber estado arraigados a la tierra.” [95] Esto significa que los alemanes que viven en forestas templadas, están más cerca de la naturaleza (“el hombre está más en contacto con la naturaleza en el norte que en las tierras tórridas”) que los judíos, quienes “han sido marcados por los miles de años vagando en el desierto.” [96]

         

El genio alemán, en otras palabras, trajo consigo el “sistema feudal señorial,” un sistema ligado a la tierra.

 

Del suelo que el arado levanta surgió la organización económica de la sociedad que dominó en Europa antes del capitalismo—el sistema feudal señorial, basado en la idea que la producción debería tener solo fines de consumo, que cada hombre debería tener un lugar de trabajo y que cada sociedad debería tener diferencias en status. La posesión del campesino, estrictamente demarcada de la de su vecino, dio prominencia al concepto de una esfera de actividades limitada para cada uno, de “el estado al cual cada uno había sido llamado por Dios” y debería permanecer y trabajar allí de manera tradicional. [97]

 

Este sistema encuentra su antítesis en el capitalismo judío: “De las sinfines vastedades de arena surge la forma de vida opuesta— el capitalismo.” [98] De acuerdo a Sombart:

 

Su constante preocupación por el dinero movió la atención de los judíos de una forma de vida natural y cualitativa hacia una concepción abstracta y cuantitativa. Los judíos se dieron cuenta de todos los secretos que yacían en el dinero, y encontraron sus poderes mágicos. Se convirtieron en los señores del dinero, y a través de este, en los señores del mundo. [99]

 

Al igual que Max Weber, de cuya obra es crítico, Werner Sombart se mete en problemas cuando trata de formular una teoría para explicar los orígenes del capitalismo. Para comenzar, la mitad alemana del mito fundacional de Sombart no se lleva muy bien con la realidad histórica. Los alemanes no estaban ligados a la tierra, ciertamente no “desde el mismísimo comienzo” como sostiene Sombart. De hecho, el advenimiento de la hegemonía alemana en la cultura europea, simbolizado con el Sacro Imperio Romano Germánico, comenzó con el extremo opuesto al vínculo con el suelo. Empezó con lo que los alemanes llaman “Voelkerwanderung”, i.e. con las tribus alemanes errantes alrededor del siglo IV. Cuando los godos se asentaron en la rivera sur del Danubio y derrotaron a las legiones romanas en la batalla de Adrianópolis en el 378, las circunstancias estaban dadas para siglos de saqueo y pillaje ya que éstas hordas bárbaras y en su mayoría germanas barrieron lo que quedó del imperio romano y rehicieron Europa en su imagen.

 

Los lombardos (o longobardos) son un típico ejemplo de una de las tribus errantes germanas que cambiaron el rostro de Europa luego de la caída de Roma mediante saqueos y depredaciones. Luego de dominar a la población local, los lombardos exigieron tributo a fin de dedicarse a lo que consideraban importante, a saber, la caza, la guerra, y la cría de cerdos. La invasión germana tendría consecuencias significativas para el desarrollo económico de Italia, y una vez que el norte de Italia se convirtió en el principal centro de poder bancario y financiero, el impacto sería en toda Europa, y luego que Europa se expandiera al nuevo mundo, las consecuencias serían globales.

 

La conquista lombarda de Italia comenzó cuando toda la nación lombarda (alrededor de 200.000) fue expulsada de sus tierras en Pannonia a orillas del Danubio por los mongoles. Siguiendo la ruta ya establecida por las legiones romanas, los lombardos cruzaron los Alpes Julianos y entraron en Italia en el 568 “y pronto tomaron el valle del Po desplazándose hacia el oeste hasta Milán.” [100]

 

Durante el período posterior a la invasión, los “romanos” conquistados tenían dos opciones. La primera era permanecer en la tierra, volviéndose esclavos de los lombardos. Esta clase campesina proveyó las necesidades materiales para las elites lombardas porque “la principal actividad de la mayoría de los lombardos libres era la guerra y la caza; dejando la tierra ser trabajada por la población dependiente.” [101] Una nueva cultura aristocrática germana reemplazó a la predecesora romana, y “su principal actividad consistía en la caza y la cría de cerdos, y otros animales fácilmente adaptables a la vida en los bosques.” [102]

 

A mediados del siglo VII los lombardos controlaban un territorio cuatro veces más grande que la Italia bizantina, pero “los lombardos… estaban prácticamente aislados de toda actividad marítima e inclusive desdeñaron el uso de sus dos puertos, Génova y Pisa.”[103] A diferencia de los “griegos” quienes controlaban todos los distritos costeros, todos los puertos, y ergo todo el comercio de lo que era el pasado imperio romano occidental. El comercio continuó en Italia durante la “edad oscura,” en gran parte gracias a los puertos de la Italia bizantina, que “mantenían contacto perpetuo con Constantinopla y el mediterráneo oriental, por entonces la zona económicamente más vigorosa y emprendedora del mundo.” [104]

 

Aquellos que eligieron no servir a los nuevos amos germanos dejaron la tierra y se asentaron en las islas que formaban el delta del Po y del Adige, que luego vinieron a ser Venecia. Venecia retuvo su identidad como parte del imperio romano principalmente gracias a su flota, que facilitó el comercio con Constantinopla, la capital del imperio oriental no alcanzado por las invasiones germánicas. Consecuentemente la cultura en Italia tomó un carácter dual germano y greco-romano. Trabajar el suelo de acuerdo al sistema feudal económico era típico en el interior, germano y longobardo; mientras que el comercio con los griegos que engendro una economía monetaria, caracterizo las ciudades costeras. Finalmente, durante el curso de la edad media, estas dos Italias, junto a sus diferentes sistemas económicos, entrarían en conflicto, y sería la iglesia católica la encargada de mediar y decidir cuáles avances económicos eran compatibles con el orden social cristiano, y cuáles no lo eran. 

 

El elemento final que contribuyó al desarrollo de la vida económica en la Italia cristiana post-imperial fue la iglesia católica, en particular los grandes estados eclesiásticos, los cuales fueron operados de manera sistemática por las órdenes monásticas: “San Benito (480-543) fue el máximo responsable ya que en su famosa Regla, compilada alrededor del 534 por el abad de Monte Cassino, proveyó un modelo para la práctica económica de todas las casas benedictinas subsecuentemente fundadas en Italia y Europa occidental.” [105] Bajo la influencia gradual de los monjes benedictinos, quienes aparte de los votos de castidad, pobreza y obediencia, tomaron un voto de estabilidad ligándolos a un lugar, la agricultura y la ganadería reemplazaron a la caza y al saqueo, que habían sido la base de la cultura aristocrática longobarda.

 

Sombart se confundió cuando trató de asignarle a los alemanes cierta conexión mística a la tierra. La verdadera causa de la conexión alemana a la tierra surgió no de la cultura errante de las tribus germanas, sino de la Iglesia en general y del voto de estabilidad tomado por los monjes benedictinos en particular. Ellos fueron los que por 1000 años trataron de civilizar y cristianizar a los bárbaros saqueadores germanos quienes constituían la clase gobernante en Europa.

 

El desarrollo económico en Italia se llevó a cabo dentro de una matriz cultural compuesta por estas tres fuerzas rivales. Gradualmente, los bosques y pantanos del valle del Po, donde los lombardos cazaban, fueron despejados y drenados bajo la tutela benedictina, y el exceso de alimentos que esta tierra produjo alimentó la población de ciudades orientadas al comercio como Venecia, Florencia y Milán, las cuales pudieron entonces dedicarse a progresivamente sofisticados y hondos intercambios con Bizancio y el Levante por un lado, y Flandes e Inglaterra por el otro. Este comercio crecientemente lucrativo, especialmente luego del ímpetu de las cruzadas, llevó a su turno a un mayor desarrollo económico, y a la consecuente sofisticación de instrumentos financieros para llevar cuenta y facilitar formas de comercio cada vez más complejas. La ascendente actividad económica condujo a mayor riqueza y poder, con esperables conflictos entre la cultura estable feudal de la tierra y la cultura monetaria del comercio que lentamente tomaba los centros comerciales del norte italiano. “Durante la edad media fueron las operaciones de comercio internacional las que favorecieron el ascenso del espíritu capitalista.” [106]

 

El comercio floreció a pesar del escepticismo y la disconformidad eclesiástica. Santo Tomás de Aquino creía que el comercio destruía la cultura. El doctor angélico escribió:

 

La ciudad que para su subsistencia necesita de mucha mercancía debe necesariamente resignarse a la presencia de extranjeros. Negocios con extranjeros, como Aristóteles dice en su Política, muy a menudo corrompen las costumbres nacionales: los extranjeros que han sido traídos bajo otras leyes y costumbres, en muchos casos se comportan de manera diferente a los ciudadanos, quienes, siguiendo su ejemplo, los imitan y así perturban la vida social. Más aun, si los ciudadanos se involucran en el comercio, le abren la puerta a muchos vicios. Debido a que el objetivo del mercader es exclusivamente el de la ganancia, la avaricia se arraiga en el corazón de los ciudadanos, y todo en la ciudad se vuelve venal, y con la desaparición de la buena fe, se invita al fraude; el bien general es despreciado, y cada hombre busca su propia ventaja personal; el gusto por la virtud se pierde cuando el honor que es normalmente el premio a la virtud es concedido a todos. Así es que en tal ciudad, la vida civil no puede sino tornarse corrupta. [107]

 

A fines del siglo XV, parecía que la predicción de Aquino se había cumplido en las ciudades-estado del norte de Italia:

 

En las ciudades italianas de los siglos XIV y XV la competencia era intensa, a veces fuera de la ley. La competencia ya no es más mitigada por aspiraciones hacia una sociedad basada en una cierta hermandad. Los feriados religiosos no son más impuestos por el estado, el cual crea sus propios. [108]

 

Este es ciertamente el caso si consideramos los sermones de los predicadores Mendicantes como una descripción cabal de los acontecimientos. En lugar de encarnar el ideal católico, Italia se estaba convirtiendo un lugar donde:

 

Nadie se siente avergonzado si actúa de manera capitalista. Los hombres jóvenes, llevados por la corriente, arrastran a los viejos junto a ellos. Los capitalistas buscan tirar abajo las barreras que la legislación civil y eclesiástica ha levantado. [109]

 

La Iglesia, como guardián de la cultura italiana, no podía permanecer distante mientras este conflicto crecía, y no lo hizo. Debido a que no había tal cosa como ciencia económica en aquel entonces y también porque la Iglesia siempre había evaluado al comercio desde el punto de vista de la filosofía moral, la posición de la Iglesia a cerca del beneficio social de los nuevos avances económicos finalmente se centró alrededor de la usura, entendida no solo como intereses exorbitantes por un préstamo, sino también como cualquier tipo de negocio en el cual una parte se aprovecha de la otra. Durante casi un siglo, desde fines del XIV hasta fines del XV, populares predicadores Mendicantes como San Bernardino de Siena y San Juan Capistrano condenaron la usura que asfixiaba a la clase media y baja en las pujantes ciudades-estado italianas. Los Mendicantes combatían la usura tanto en la teoría con sus sermones como en la práctica fundando Monti di Pieta, uniones de crédito locales que daban pequeños créditos en tiempos difíciles.

 

Al mismo tiempo, los escolásticos estaban lidiando con las varias facetas de la vida económica y tratando de discernir si la naturaleza cambiante de los tratados financieros creaba una situación en la cual el préstamo de dinero a interés pudiera no ser un pecado contra la justicia y la caridad. Con éste objetivo tenían que distinguir varios instrumentos financieros. Las letras de cambio, las cuales debido al desfasaje de entre siete y ocho semanas entre su emisión en, por ejemplo, Florencia y su cobro en Brujas (o viceversa), necesariamente involucraban el crédito y el pago de interés, usualmente disfrazado de una u otra manera. Ésta práctica parecía diferente desde el punto de vista de la caridad y la justicia de la variedad de prenda practicada por judíos y lombardos, donde el promedio era 43 por ciento anual (y a menudo el doble) y la garantía por el préstamo frecuentemente consistía en las herramientas de trabajo del artesano, lo que implicaba que éste no tenía medios para ganarse la vida y al mismo tiempo tenía que soportar deudas usurarias. A diferencia de las letras de cambio, las prendas, por la naturaleza de los términos con que eran llevadas, resultaban en la ruina financiera de aquellos suficientemente desafortunados de caer en las manos de los usureros. Cuando los Mendicantes comenzaron a predicar contra los lombardos por actuar como los judíos, aquellos ya habían abandonado el saqueo y el pillaje que les había dado hegemonía en el valle del Po y habían desarrollado versiones financieras más sofisticadas del mismo comportamiento rapaz. Como resultado de este tipo de sucesos, los avances sin precedentes de la vida económica en el norte de Italia habían gatillado una lucha entre una clase gobernante cuyas raíces germánicas por el saqueo y el pillaje habían sido reducidas pero no erradicadas, y una Iglesia que creía que toda actividad económica tenía que estar subordinada a las exigencias de la vida moral.

 

El otro factor que tuvo un rol importante durante el curso del siglo XV en Italia fue el deseo de retornar al paganismo, conocido también como Renacimiento, o para nombrarlo de acuerdo a su reconocido flanco literario (especialmente al norte de los Alpes), humanismo.

 

Al igual que en Inglaterra luego de la Revolución Gloriosa, las elites bancarias necesitaban racionalizar un comportamiento que la Iglesia había declarado inmoral. En Inglaterra el partido Whig le pagó a gente como John Locke para que creara una ideología que racionalizara los métodos de la clase gobernante inglesa. En Italia, dicha racionalización surgió de la traducción de antiguos textos, particularmente aquellos involucrando magia judía y neoplatónica:

 

La contribución más grande al nuevo espíritu económico del siglo XV fue llevada a cabo por la concepción humanista de la vida… la cual… se movió principalmente hacia el espíritu capitalista al separar su concepción de la riqueza del marco moral, y al retirar la adquisición y uso de bienes de la influencia de las reglas y restricciones de la moralidad religiosa … El estado cesó de oponerse al nuevo modo de pensar y de vivir, y en cambio se desligó de la influencia de los ideales católicos, a menudo con el fin de explotar vicios humanos, como es evidente en leyes concernientes al juego… Todas estas razones explican el hecho que el nacimiento … del espíritu capitalista se llevó a cabo en un mundo católico. [110]

 

El humanismo buscó lo mismo en Italia que la ideología whig buscó en Inglaterra, es decir la liberación de la “acción económica de los ciudadanos… del yugo de los principios religiosos.” El capitalismo, en otras palabras, precedió a la Reforma; la correlación correcta no es con el protestantismo, sino con una forma regresiva y virtualmente degenerada del catolicismo. El “espíritu capitalista” no nació en un área protestante… sino que apareció primero en países católicos; y no fue un resultado esencial de la Reforma, sino más bien se desarrolló como una consecuencia de la descomposición progresiva de la ética católica original.” [111]

 

Comenzando con la revolución husita del 1419, Europa fue testigo de un intenso esfuerzo por sacudir el yugo del catolicismo y retornar a un orden social más primitivo. Para los husitas, esto significaba un retorno a una teocracia cuasi hebrea basada en la apropiación de modelos del antiguo testamento. Para los italianos significaba un retorno al paganismo extraído no del antiguo testamento sino de “antiguos” textos recientemente redescubiertos como la cábala y los escritos de Hermes Trismegisthus. El denominador común de esos textos era la mágica, por ejemplo, Joannes Reuchlin tuvo contacto con esta cuando se encontró con Ficino y Pico della Mirandola, agentes de los Medici, en los años 1480s (ver The Jewish Revolutionary Spirit, del mismo autor). Reuchlin luego llevó la tradición mágica judía al norte de los Alpes, donde infligió una fractura en la Cristiandad que todavía no ha sido curada. Fue a través de esta fractura que el espíritu del capitalismo se filtró al resto del mundo.

 

Fue el humanismo en Italia, no el protestantismo en Inglaterra, la matriz que dio a luz al capitalismo. “El espíritu del capitalismo”, de acuerdo a Fanfani,

 

Siempre ha existido en el hombre en un estado embriónico; el cual opuesto y contrarrestado por el catolicismo se convirtió en una fuerza social en el siglo XV cuando el catolicismo declino; y fue promovido por el humanismo a medida que este debilitaba las bases del catolicismo. El espíritu capitalista comenzó a mostrarse en la obra del hombre que sintió, temporariamente, que ya no necesitaba confinar sus actividades dentro de los límites prescriptos por la moralidad revelada. [112]

 

El capitalismo nació del deseo de “separar la felicidad terrenal de cualquier destino superior. Esto implica abolir santos y moralistas, agonías y éxtasis. Tal fue la empresa comenzada por el humanismo escéptico, y completada por las enseñanzas explícitas del protestantismo.” [113] El capitalismo no fue la creación de píos ingleses puritanos, sino más bien fue “una manifestación de esa revolución general en el pensamiento que caracterizó el período del Renacimiento” y que dio luz a la Reforma.

 

La nueva clase gobernante protestante en lugares como Inglaterra y los principados alemanes del norte y el este estaba compuesta de bárbaros germánicos, como los lombardos en Italia, quienes retornaron a sus orígenes, i.e. al saqueo, tan pronto como la vigilancia de la disciplina de la iglesia fue quebrada por la revuelta protestante. En Inglaterra Fanfani escribe:

 

Los cambios revolucionarios causados por la herejía luego del cisma condujeron a la confiscación de los bienes de la Iglesia, venta de tierras, especulación, alteración de clases sociales, influjos de los bajos a los altos estados de la sociedad y la aparición de nuevos plutócratas, nuevos gobernantes … la confiscación promovió la especulación y la revitalización del movimiento de cercamiento , frente al cual las prohibiciones legales resultaban impotentes [114].

 

Decadencia católica

 

El capitalismo no es sino otra palabra para expresar la decadencia católica experimentada bajo el papado de Alejandro VI. Nació como un vicio católico, no como una virtud puritana. Los Medicis entendieron que el retorno al paganismo tenía beneficios económicos para aquellos en el rubro bancario. El concepto de “precio justo” era una innovación cristiana. En el mundo antiguo el precio justo y el salario justo no existían. El precio estaba dado por aquello en que comprador y vendedor se ponían de acuerdo, el equivalente económico a la ley de la selva. El salario, cuando no era subsistencia bajo esclavitud, era lo que el empleador y el empleado arreglaban. Esto se traducía en los poderosos imponiendo su voluntad sobre los débiles sin ninguna interferencia. Era ésta la faceta de la vida pagana que los Medicis y sus secuaces los Palleschi encontraban particularmente atractiva. Aunque sin estar formulada en términos de un retorno a la antigüedad, esta situación económica era también el ideal envisionado por los nacientes capitalistas quienes colaboraron con Enrique VIII en el saqueo de los bienes de la Iglesia en Inglaterra.

 

Finalmente, el conflicto entre las órdenes mendicantes y los banqueros italianos alcanzó su culminación en Florencia durante la última década del siglo XV. Un predicador dominico llamado Savonarola puso en jaque el poder de los Medicis con la ayuda del rey de Francia y comenzó a impulsar la causa de la Iglesia con un éxito sin precedentes. Galvanizado por sus triunfos iniciales, decidió acometer a los Medicis en su terreno preferido lanzando un ataque contra la usura:

 

Con la enérgica cooperación de tantos hombres, notables ya sea por inteligencia, alcurnia, o experiencia en servicios públicos, Savonarola llegó a la conclusión, luego de la falta de éxito de sus predicaciones durante la pascua de 1496, que podría intentar un golpe más audaz, y mostrarles a los florentinos un espectáculo al que sus ojos no estaban acostumbrados. El domingo de Ramos fue vista una larga procesión desfilando por las calles, representando la entrada de Nuestro Señor en Jerusalén; los niños solos llegaban a ocho mil. En una mano llevaban una pequeña cruz roja, y en la otra un ramo de olivo, en el estilo de los Monti de Pieta. Luego de estos venían las diferentes órdenes religiosas, con los clérigos, y luego una innumerable multitud de hombres de toda edad y condición. Al final venían las niñas vestidas de blanco, con guirnaldas en sus cabezas, seguidas de sus madres, quienes cerraban la procesión. Nunca antes tal escena había sido vista en la historia florentina; la compostura de esta enorme muchedumbre, las ropas bautismales usadas por los niños de ambos sexos mientras cantaban salmos responsoriales y laudes compuestos para la ocasión por el poeta Benvieni. [115]

 

Cuando los niños cantaron “Viva nei nostri cuori, viva Fiorenza,” el monje Burlamachi sostuvo que se creó la impresión de ser transportado a la Nueva Jerusalén, y el descenso a la tierra de las glorias del paraíso. Lágrimas de emoción corrieron por cada rostro, y muchos de los Palleschi, que habían ido a murmurar y maldecir, se encontraron espontáneamente tan en concordancia con el resto, que no pudieron sino bendecir. Fue el triunfo de la inocencia y la caridad que se celebró este día. [116]

 

El triunfo en cuestión se trataba de la colecta de donaciones que se daría a cuatro uniones de crédito conocidas como Monti di Pieta, una para cada sección de la ciudad. Esto, más que la hoguera de vanidades en donde se habían quemado pinturas de Botticelli, fue lo que selló el destino de Savonarola. El papa Alejandro VI ya había tomado partido por Pico, aprobando la traducción por parte de éste de textos cabalísticos y herméticos. Pico se había arrepentido bajo el tutelaje de Savonarola y había sido asesinado por sus esfuerzos. Ahora era el turno de Alejandro VI de alinearse, una vez más, con los judíos, los humanistas y los usureros.

 

Quemar los ornamentos de la cultura florentina en una hoguera de vanidades vaya y pase, sin embargo tomar esa riqueza y usarla para fomentar una alternativa al sistema bancario usurero que enriquecía a los Medicis y los Palleschi fue “la última provocación a la ira de los usureros y banqueros.” El sustento a las Monti di Pieta que se había llevado a cabo bajo órdenes de Savonarola fue la gota que colmó el vaso de los usureros y de aquellos que se beneficiaban de la usura:

 

Los más agudos instigadores de este odio no fueron los viejos, enojados que estaban al ver una disminución diaria en el número de víctimas que habían servido como alimento para saciar sus apetito; tampoco fueron los profesores de literatura profana, cuya ocupación estaba cayendo en estima al nivel de las artes manuales; ni tampoco fueron los malos curas y monjes, anatemizados con todo el poder imaginable del lenguaje humano por la elocuencia de un predicador sin miedo y sin censura; los más acérrimos enemigos de Savonarola fueron los banqueros y usureros en todas sus versiones. [117]

 

Cuando Alejandro VI firmó la sentencia de muerte de Savonarola, logró algo más que condenar a muerte a un hombre inocente, provocó el fin del mundo como se lo conocía hasta entonces. La conspiración de Reuchlin con los doctores judíos del papa le permitió llevar el mismo tipo de humanismo pagano al norte de los Alpes, donde llevó a cabo la Reforma, que a su turno condujo al saqueo de las propiedades de la iglesia, generando el capitalismo y finalmente esparciendo incontables miserias primero en Inglaterra y luego en el resto del mundo.CW

 

E. Michael Jones es el editor de Culture Wars.

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Notas

[1] Amintore Fanfani, Catolicismo, Protestantismo y Capitalismo (Norfolk, VA: IHS Press, 2003), p. 7.

[2] Michael Novak, El espíritu del Capitalismo Democrático (Nueva York: American Enterprise Institute / Simon & Schuster, 1982), p. 14.

[3] Novak, p. 14.

[4] Novak, p. 15.

[5] Novak, p. 17.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] Novak, p. 25.

[9] Novak, p. 22.

[10] Novak, p. 302.

[11] Novak, p. 28.

[12] Novak, p. 283.

[13] Novak, p. 27.

[14] Novak, p. 39.

[15] Ibid.

[16] Ibid.

[17] Novak, p. 276.

[18] Novak, p. 277.

[19] Ibid.

[20] Ibid.

[21] Ibid.

[22] Novak, p. 278.

[23] Fanfani, p. 154.

[24] Fanfani, p. 155

[25] Fanfani, p. 155.

[26] Fanfani, p. 156.

[27] Novak, p. 38.

[28] Ibid.

[29] Fanfani, p. 147.

[30] Fanfani, p. 148.

[31] Fanfani, p. 151.

[32] Fanfani, p. 38.

[33] Ibid.

[34] Fanfani, pp. 38-9.

[35] Fanfani, p. 93.

[36] Fanfani, p. 118.

[37] Novak, p. 39.

[38] Novak, p. 44.

[39] RH Tawney, La Religión y el Surgimiento del Capitalismo: Un Estudio Histórico (Holland Memorial Lectures, 1922) (Gloucester, Mass.: Peter Smith, 1962), p. 232.

[40] Tawney, p. 224.

[41] Ibid.

[42] Ibid.

[43] Ibid.

[44] Tawney, p. 225.

[45] Tawney, p. 138.

[46] Ibid.

[47] Tawney, p. 136.

[48] Ibid.

[49] Ibid.

[50] Ibid.

[51] Tawney, p. 138.

[52] Ibid.

[53] Ibid.

[54] Tawney, p. 140.

[55] Tawney, p. 143.

[56] Tawney, pp. 198-9.

[57] Tawney, p. 147.

[58] Tawney, pp. 155, 157.

[59] Tawney, p. 178.

[60] Tawney, p. 180.

[61] Tawney, p. 189.

[62] Tawney, p. 247.

[63] Ibid.

[64] Novak, p. 279.

[65] Ibid. 

[66] Max Weber, The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism (New York: Charles Scribner’s Sons, 1958), p. 17.

[67] Novak, p. 279.

[68] Weber, p. 124.

[69] Weber, p. 163.

[70] Weber, p. 182.

[71] Novak, p. 40.

[72] Weber, p. 165.

[73] Weber, p. 166.

[74] Werner Sombart, The Jews and Modern Capitalism (New Brunswick, NJ: Transaction Books, 1982), p. 248.

[75] Sombart, p. 192.

[76] Ibid.

[77] Ibid.

[78] Sombart, p. 251.

[79] Karl Marx, “On the Jewish Question,” in The Marx-Engels Reader, ed. Robert C. Tucker (New York: W. W. Norton & Company, 1978), p. 49.

[80] Marx, p. 50.

[81] Marx, p. 55.

[82] Ibid.

[83] Ibid.

[84] Sombart, p. 153.

[85] Sombart, p. 189.

[86] Sombart, p. 205.

[87] Sombart, p. 206.

[88] Sombart, p. 238.

[89] Sombart, p. 246.

[90] Sombart, p. xxiii.

[91] Sombart, p. xx.

[92] Sombart, p. 11.

[93] Sombart, p. xx.

[94] Sombart, p. 323.

[95] Sombart, p. 336.

[96] Sombart, p. 337.

[97] Sombart, p. 343.

[98] Ibid.

[99] Sombart, p. 344.

[100] Gino Luzzatto, An Economic History of Italy from the Fall of the Roman Empire to the beginning of the 16th century (New York: Barnes & Noble, 1961), p. 18.

[101] Luzzato, p. 24.

[102] Luzzato, p. 18.

[103] Luzzato, p. 20.

[104] Ibid.

[105] Luzzato, p. 21.

[106] Fanfani, p. 135.

[107] Ibid.

[108] Fanfani, p. 94.

[109] Fanfani, p. 64.

[110] Fanfani, p. 138.

[111] Fanfani, p. 45.

[112] Fanfani, p. 151.

[113] Fanfani, p. 146-7.

[114] Fanfani, p. 141.

[115] http://orestesbrownson.com/index.php?id=229

[116] Ibid.

[117] Ibid.

 

 

 

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